miércoles 18 de noviembre de 2009

THREE TIMES CITY JAZZ

Three Times City Jazz

por Fernando Flores

I

Esta ciudad puede llegar a ser tan triste

tan siniestra

por momentos hasta cruel

Hay jazzes que retumban hacia adentro de las espinas

otros no se escuchan debajo de las piedras

y los depósitos de carbón y los puteros carecen de sentido en estas calles

Hay humedad descontrolada en las paredes

y tu presencia se ha desvanecido en silencio

sin música de fondo

sin imágenes de tu rostro en slow motion

obscureciéndose

Los predicadores alardean con altavoces bajo la persistente llovizna de la noche

El Orfeo y el Metropolitan tienen las marquesinas apagadas

y es tan inútil pensar en coincidir

en este cruce de avenidas

en el café de Cinco de mayo abierto las veinticuatro horas

o en los pliegues de una cama

si más bien es en otra cama y no en la mía

en que descansas

si más bien es otro cuerpo y no el mío

al cual te entregas

En esta ciudad los lunes hay conferencia de mendigos y ofertas ofensivas

Mientras las rubias señoras extranjeras

que me asquean

caminan con su cara de Woody Allen que las vuelve hostigosas y tartamudas

Sin ti esta ciudad puede llegar a ser tan triste

que en los expendios de jazz sólo venden fonogramas de segunda mano

y tus ojos y los jazzes ya no se dejan escuchar por estas avenidas


II

De cariño de otros cuerpos y de gritos

pero también de premoniciones y fatídicas fechas

de querencias y quehaceres

De miopes impulsos y de señas sutiles

De vanas voluntades y bálsamos y vasos de vino rebosados

De ambición y malas mañanas

de males mediocres y de íntimas imprentas

De vulvas secas y de besos ambiguos

de muros donde maduran vanidades

pero también de un miasma luminoso

se llenan las líneas de mis manos

Me tiembla el párpado izquierdo desde hace dos semanas

Desde hace dos semanas

la ciudad suele parecerse al fúnebre mostrador del carnicero

a una morgue sin desempacar

al ulular del ataúd cuando desciende

y las bookstore en Gante

y las noches de jazz que no hemos tenido

árboles con venas luminosas

los hoteles que cambian de piel como reptiles

y los lunes

que de un tiempo para acá o dos semanas

llegan tan frecuentes

Describir tanta ansiedad me incomoda y quema

No resisto tanta incongruencia a este deseo

No puedo sepultar tanta indiferencia contenida

ni esta precocidad cuando apareces

A la rechingada con todo esto

Tengo una sed diabética de escribir y escupir tres veces

Escupir misas curas y ensayar besos muy cerca de tu boca

Escupir tu cuerpo y regodearme en mi saliva

Escribir en los rincones de tu ingle abandonada

Escupir y golpearla arteramente

Escupir mi palma y acariciar mi sexo y luego el tuyo

Escupir afinadores y sitiales

Escribir endecasílabos perfectos

Escupir tus labios y después tú los míos y después besarnos

y así dar paso a los gritos

al cariño de los cuerpos

a las querencias

a lo que dictan las manos y sus líneas

y a lo que de todo esto resulte hasta mitigar este temblor de párpado

en un café de chinos abierto toda la noche

o en un hotel con nombre de serpiente


III

Mientras los niños descalabrados y las plañideras lloran

la ciudad y los maniquíes de High Life se tornan inconstantes

igual mis manos y el equilibrio embrutecido por la cerveza

y esta sed de que aparezcas en cualquier momento

te sientes a mi lado en La Faena

y platiquemos de anfibios y reptiles sin premura

Las corbatas tienen un cincuenta por ciento de descuento

y doce meses sin intereses

Las vitrinas de las tiendas de ortopedia a media luz respiran

y la calle de las prostitutas es la misma calle de las funerarias

Aquí hay florerías y farmacias abiertas las veinticuatro horas

que venden somníferos ilegales

e imágenes de vírgenes y santos que curan la migraña

y el enculamiento

Tengo una pistola entre mis labios

Tengo una obsidiana de tres filos vacilando por el cuello

y tú ya no deseas que invada tu cuerpo de caricias

por eso

no tendría que escribir esto

ni irrumpir de noche en las habitaciones ocupadas

solo y con mis manos

ni desear tocar tu cuerpo

reducirlo a polvo e inhalarlo a líneas

Tengo una pistola entre mis manos

Tengo un metal punzocortante entre los dientes

una aguja presurosa en el brazo

un artero filo en la muñeca

si estuviera tu cuerpo junto al mío

o si yo fuera un suicida prepotente

o un asesino serial obsesionado con los ojos

este conjuro no estaría ocurriendo.

(por Fernando Flores ®, 2009)