jueves 19 de noviembre de 2009

MARIO OROZCO RIVERA


Era 20 de noviembre de 1998 cuando Mario Orozco Rivera murió en su casa de San Ángel a causa de problemas cardiorrespiratorios. Yo me enteré hasta el otro día, José Alfredo me llamó por teléfono y me dijo que Mario había muerto. José Alfredo me pidió un favor, que fuera al homenaje de cuerpo presente y tomara algunas placas.

Conocí a Mario Orozco Rivera en su casa de Santísimo, allá en San Ángel, por medio de José Alfredo, mi primer maestro de literatura. Ese sábado, de hace más de doce años, José Alfredo nos llevó a conocer a Mario, que a su vez lo conoció por un amigo de él que lo llevó años más atrás a conocerlo. El plan era comer visitar al pintor, ir a comprar comida al Mercadito de San Ángel, leer algún poema o cuento que hayamos escrito, beber, comer, compartir, hacer bohemia.





Conocer a Mario marcó en su tiempo parte de mis primeros textos escritos por mí, marcó mi forma de pensar, mi forma de ver la vida, de ver como un señor de más de 60 años tenía la vitalidad y la lucidez de seguir defendiendo sus ideales, seguía produciendo, seguía pintando, escribiendo, formando nuevos pintores.


En esa ocasión hubo poesía, música, vino, compartimos la comida y las letras. Mario, en un arranque por compartir se levantó de la mesa y fue hacia el tocadiscos en donde buscó un casete viejo y lo hizo sonar. Mario nos compartía una grabación vieja en donde él cantaba y declamaba en algún evento político. Mario perteneció más de 30 años al Partido Comunista Mexicano y posteriormente al Socialista. Y lo que nos hacía escuchar era una de sus composiciones pues no solo la pintura era su pasión sino la literatura también. Compuso e interpretó en su vida decenas de canciones, y por si fuera poco grabó cuatro discos en la Unión Soviética.


Mario fue sobrino de José Clemente Orozco, en su infancia fue cirquero, pasó años viviendo en un Circo que iba de ciudad en ciudad en donde aprendió el oficio. En su adolescencia fue discípulo de David Alfaro Siqueiros. Mario pensaba que todo arte tenía una implicación social, política y comunicativa. Decía sobre el arte, “ Es diálogo no monólogo. Podrí ganar buen dinero pintando marinas, paisajes y bodegones, pero prefiero pintar instintivamente, según el dictado de los testículos, el corazón y el cerebro, en ese orden. Pinto por desahogo, no por satisfacción''.


Aquella primera experiencia al conocer a Mario Orozco me marcó hasta estos días. En esa ocasión cantó para nosotros, leyó alguno de sus poemas, y al igual nosotros le leímos algunos de nuestros textos. Pero hubo dos momentos que no he olvidado, el primero fue cuando nos hizo comulgar con tierra, con polvo de ladrillo, entonces fuimos hermanos, camaradas, cada uno tomaba un poco de tierra y comía, ese fue el momento en que fui bautizado como escritor. El segundo momento fue esa misma noche en que les pidió a las mujeres presenten a pasar a su recámara en donde cada una posó un beso en una gran pliego blanco arriba de su cama, a forma de cabecera, y ahí en la cama de Mario Orozco Rivera nos tomé una foto.

Por mi cuenta y en varias ocasiones fui a visitar a Mario a su casa los fines de semana. Ir a verlo me representaba una tremenda emoción. En una de esas veces le llevé una cactácea para su casa, llevaba alguna botella de tinto, algo de buena música y conversábamos de todo. Yo lo escuchaba con atención, con detenimiento, intentando grabar todo lo que salía de su boca en mi cabeza. Hablaba de literatura, de política, del gobierno, sobre arte en general, sobre que quería hacer un cortometraje sobre un cojín. En otro momento lo invité junto a los demás compañeros para hacer otra bohemia pero ahora en mi casa.


Muy temprano José Alfredo me llamó por teléfono para decirme que Mario había muerto. En algún momento escuché decir a José Alfredo que Mario hubiera aguantado un poco más, solo un poco más para enterarse de la aprensión de Augusto Pinochet a finales de 1998, y que eso definitivamente lo hubiera levantado de salud. Augusto Pinochet tras derrocar a Salvador Allende en 1973 tras el golpe de estado, hace arrestar al cantautor Víctor Jara quien fue torturado durante horas, le fueron destrozadas las manos con la culata de un revolver, para que no tocara más la guitarra. Víctor Jara fue asesinado en el Estadio Chile. Víctor fue encontrado a las afueras de la ciudad, entre matorrales y con 44 balazos en el cuerpo. Víctor Jara perteneció al Partido Comunista de Chile. Víctor cantó sobre la opresión y la dictadura. Víctor era amigo de Mario.

Muy temprano José Alfredo me llamó ese sábado 21 de noviembre de 1998 para decirme que Mario había muerto. Esa mañana le harían un homenaje a Mario en el Foro Coyoacanense en donde por cierto había un mural de Mario. José Alfredo me pidió tomar algunas placas del evento y así lo hice. Tomé el último retrato de Mario Orozco Rivera, como lo hicieron con Frida, o con Diego. Mario había pedido que no lo enterraran dentro de un ataúd sino envuelto en un petate y así fue como sucedió, Mario Orozco Rivera fue enterrado envuelto en un petate, en el lugar enterraron un árbol a la altura de sus pies.

Hoy es viernes 20 de noviembre, igual que hace 11 años en que te moriste, y yo me acuerdo de ti mucho, a la menor provocación me sale tu imagen, me saltan tus palabras y consejos. Un día me dijiste que “Poeta es aquel que no miente”, y con esa primicia es que he llevado mis letras. Te recuerdo, querido Mario, esperando que el árbol de tu tumba siga creciendo, dando sombra, pero sobre todo frutos.


(por Fernando Flores ®, 2009)