miércoles 18 de noviembre de 2009

ALICIA EN LA TIERRA DE LAS MARAVILLAS

Este texto lo escribí hace siete años, y lo escalofriante de él es que no ha pasado nada en estos siete años, que todo sigue igual, sucesos más, sucesos menos, circunstancias más, circunstancias menos; pero a fin de cuentas en el País de no pasa nada, no ha pasado nada. Y es cuando me pregunto ¿pa qué chingados luchar si todo sigue y va a seguir siendo una mierda?



A siete años de distancia igualmente hay algunos de los argumentos de este texto en los que he cambiado de parecer, o he dejado de creer, pero en la médula de éste sigue lo fundamental de mi pensar. A siete años de distancia me he vuelto un poco más radical, más grosero, más cínico, menos políticamente correcto, y eso me agrada. A siete años de distancia si en la actualidad dijera “Poder arco iris” me avergonzaría de mí mismo. Sin embargo, lo interesante del texto y el porqué lo publico es para darme cuenta de que seguimos siendo el mismo país globlero, agachado, sumiso.

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Alicia en la Tierra de las Maravillas; o Todas somos pasivas come verga.

por Fernando Flores.





Esto no es un cuento erótico, debo advertirlo. Hablaré sobre una niña llamada Alicia que sin pensarlo corre detrás del Conejo Blanco, cualquier cosa es mejor que estar a lado de su aburrida hermana con la lectura de un libro sin diálogos y sin ilustraciones.



¿De qué sirve un libro -pensó Alicia-

si no tiene ilustraciones ni diálogos?



Ardiendo de curiosidad, tan rápido como puede, Alicia sigue al Conejo hasta su madriguera y sin pensarlo, de nuevo, se mete en ella. Cae como por un pozo profundo, no puede imaginar qué tan lejos puede llegar, ni siquiera le importa y se dejar caer, fluye. Alicia encuentra una llave, abre una puerta, ve que del otro lado hay un hermoso jardín de rutilantes flores y frescas fuentes. Aquello que Alicia ve es la Tierra de la Maravillas.



Durante la aventura en esa tierra, Alicia se ve acorralada de inverosímiles personajes que conforme la van abordando le sorprenden menos.



El poder de lo que vemos es inminente y no hay quien lo detenga. Nos rebasa la realidad y nos hemos acostumbrado a ella. Hoy pedimos que lo que observamos sea más grande, más cruento, más inverosímil. La Tierra de las Maravillas no está tan lejos como pensamos, está aquí, siempre ha estado aquí, caemos por un pozo, hemos sido tragados por una madriguera; nos hemos adaptado hasta evadirnos, así como lo hizo Alicia. Ya nada nos sorprende. Lo que vemos y vivimos es algo que podemos soportar, lo curioso es que permitimos que viva dentro de nosotros.





II

Todo es farsa, la parodia se presenta acechante, lo insólito lo confunde todo en la Tierra de las Maravillas. La lógica corre subterránea sin sentido, hoy en que los seres humanos son clonados y nacen en criaderos, a nadie nos sorprende. En la tierra de Alicia los animales se humanizan y hablan, en la nuestra algunos humanos gruñen, ladran, rebuznar. Se nos ha enfriado la sangre, nos hemos bloqueado para no dejar que nos invada la indignación.



Hemos preferido no saber sobre la causa de las cosas. No nos asustan los linchamientos en las plazas públicas por la falta de justicia, nos hemos acostumbrado a los machetes ensangrentados, a la ley por propia mano, a la ineptitud institucional. En la tierra de Alicia desaparecen algunos personajes a su propia conveniencia, aquí ocurre lo mismo, desaparecen mujeres, desaparecen evidencias, desaparecen medios impresos y señales de televisión que son tomadas “pacíficamente”, y no nos sorprende y no decimos nada, vemos en cuál de las tres pistas del circo está mejor el espectáculo y ahí fijamos la mirada atónitos pero insensibles. Pero también aquí aparecen testigos convenientes, mujeres muertas en el desierto, familias asesinadas, aparece la justicia por propia mano ante la falta de alguien que la ejecute.



Lo que vemos nos abruma aunque las mínimas pulgadas de la televisión nos muestran sólo cierta tajada del paisaje, lo que quieren que veamos. Qué sabemos en realidad sobre las mujeres de Juárez que no han parado de desaparecer y que seguimos encontrando sin vida en el desierto. Qué sabemos y qué nos han “informado” sobre ellas. Nos hemos insensibilizado ante la crisis del campo, al cierre y quiebra de los medios impresos, al IVA a las revistas en un país que no lee. Por qué hemos permitido que nos digan qué leer, qué decir, qué ver, lejos de la moralina de quien pretende dirigir la cultura en este país. Por qué hemos permitido los censores, las explicaciones a medias, los homicidios sin culpables, los suicidios absurdos. Cuántos muertos vamos cargando ya desde hace décadas. Bien dicen que no tenemos memoria para los muertos. Nos hemos quedado callados ante el hostigamiento y las amenazas a quien se ha atrevido a cuestionar. Después todo se nos olvida, lo olvidamos cínicamente o viene otra imagen, otro muerto, otra inverosímil situación que nos hace olvidar.



Por qué nada se hace por los niños expulsados de las escuelas porque sus padres están infectados con el virus de inmunodeficiencia humana. En dónde está nuestra voz ante la violación de homosexuales o los asesinatos de trasvestís y sexo servidores, por la intolerancia ante la diversidad que es algo que nos afecta directamente. El valemadrizmo se ha apoderado de nosotros, hacemos como que no vemos, como que no sentimos, como que eso no nos afecta. Creamos una cápsula de cinismo para que nada nos haga daño, pensamos que eso sucede allá lejos, en los pueblos, en la provincia, en otros países y que no nos toca, no nos afecta, que eso no nos pertenece. Que para qué meterse en problemas, dirán algunos. Somos un pueblo de cómplices. Todos los días los homosexuales vivimos la discriminación y la intolerancia en todos los sectores sociales. Vivimos la discriminación en los centros de trabajo, en la propia familia, en los propios establecimientos supuestamente para gente homosexual. Somos parte de la complicidad, nos ha invadido una pasividad enfermiza que tarde o temprano repercutirá, aún más, en nosotros. Preferimos saber si Gloria Trevi pasará año nuevo en la cárcel o quién saldrá este domingo de la Academia. Nos entra el pánico al cuestionarnos y que nos cuestionen sobre lo que sucede. Nadie pregunta, nadie dice, nadie ve y lo que sabemos preferimos callarlo.



Es indignante que pretendan algunos dirigir la cultura y sólo muestren su incompetencia y su falta de visión ante las situaciones artísticas. Pero más indignante es la pasividad, de nosotros, que somos quienes en gran medida hemos dirigido, callados, la cultura de este país. Y qué hacemos, qué decimos ante lo que nos imponen para estar al día y la vanguardia. Dónde está el Poder Arco iris del que tanto hablamos, que tanto nos enorgullece, ese que nos hace llenarnos de saliva la boca cuando hablamos de él. En dónde quedó el activismo que nos heredaron los homosexuales de los años cincuenta y sesenta y que no quisimos continuar o ante la falta de una verdadera comunidad los líderes se han cansado de que no haya un proyecto que profundice en nuestras necesidades.



Erróneamente hemos pensado que eso no nos compete, que la crisis del campo, las muertas de Juárez, que el VIH no nos afecta, que la discriminación y los asesinatos por homofobia están lejos de nosotros. “Eso no me va a pasar a mí, eso sólo les sucede a los otros”. Sucede que los otros somos todos sin distinción alguna. Dónde estamos, por qué nos escondemos, por qué nos aterroriza hacer acto de presencia y ser vistos y hacer que nos respeten. Por qué ante el anonimato que da una Marcha anual, que poco a poco se ha politizado, hacemos como que queremos respeto, si el resto del año escondemos las manos. Los eventos culturales no tienen dueño, son del dominio público, es una guerra estéril pelear por un protagonismo absurdo. Para el surgimiento de una comunidad deben haber planes y programas que ayuden a su fortalecimiento. Hay una vacuidad intelectual y política en todo esto, un hartazgo, una falta de visión.



Por qué no hemos exigido y hacerle ver a los señores que hacen las leyes en este país que las sociedades de convivencia son necesarias, por qué se lo hemos dejado a unos cuantos que se han atrevido si a todos nos beneficia. Por qué estamos aferrados a no cambiar, a no salir de la madriguera, a no encontrar la puerta que nos lleve de nuevo a la superficie y nos saque de lo subterráneo. Somos fuertes y no nos hemos dado cuenta de ello. Somos muchos y parece que de nada sirve. Somos homosexuales, somos lesbianas, somos bisexuales, somos transexuales, somos trasvestís, somos Arco iris y de qué ha servido si no hemos decidido hacer algo para remediar nuestros propios problemas. En dónde está el proyecto que todos podamos compartir, en que tanto unos como otros estemos presentes. No queremos cambiar y dicen que el cambio ya nadie lo para, cito la frase, debo decirlo, sólo porque un impulso que me avergüenza me lo pide.





III

No es suficiente lo que hemos hecho hasta ahora, no es suficiente con lo que hemos ganado ante las leyes y la sociedad, no es suficiente los pocos espacios que hemos hecho nuestros cultural y socialmente. No basta con que abordemos el tema por la superficie, hay que profundizar en las propuestas y en lo que pensamos ser congruentes. Siempre habrá disputas internas y opiniones que contrasten entre sí, es inevitable. Hay que dejar a un lado el protagonismo enfermizo que lo único que origina son guerras verbales. Hemos tenido lo que hemos querido. Pero no hemos querido más ni mejor. Nos hemos conformado porque pensamos que ir más allá, estar mejor, ser respetados es pura utopía. Se lo dijo Alicia al Gato de Cheshire.



Pero yo no quiero andar entre locos -observo Alicia-

¡Ah!,no podrás evitarlo -dijo el Gato-: aquí todos estamos locos.



En esta tierra no ocurre así, sería indigno argumentar locura si pensamos que a los que llamamos locos son los que en verdad ejecutan su propia libertad.



Será cierto eso que dicen, que aquí nada pasa, que todo está bien, que vamos hacia adelante, que tenemos el país que merecemos. De lo único que estoy seguro es que nadie dijo que era fácil. Hay que comenzar por cuestionarnos, por proponer, por abrir los ojos y preguntarnos si eso que vemos nos convence y queremos que continúe como hasta ahora, sí es así, entonces que todo siga igual y yo no dudaré en irme a tomar té con el Sombrerero, la Liebre de Marzo y el Lirón. Si no, si pensamos que debemos hacer algo, empecemos por dejar a un lado esa pasividad cómplice que nos ha cubierto las manos de ampollas, ulceras y sangre. (por Fernando Flores ®, 2009)